Las tardeadas en los antrosAdolescentes y los permisos13-nov-2009 Lillyana Pettersen
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Las tardeadas en los antros hoy día para los menores de edad se llevan a cabo de 4 a 8 de la tarde, no se sirven bebidas alcohólicas y, supuestamente, sólo se permite la entrada a menores de edad para evitar una diversidad de problemas. El permisoUna menor de 14 años de edad pide permiso a sus padres para acudir a una tardeada en un antro conocido y de buena reputación. No hay razón para negárselo, salvo que… El problemaEsta informa a sus padres que se citó con sus amigas a las 8 de la noche y sus padres, por supuesto, le negaron el permiso argumentando que la tardeada ya habría terminado a esa hora pero, cuando se trata de adolescentes, ningún argumento es válido y la negativa, por ende, provocó el llanto y el enojo de la hija. Ante la negativa de sus padres, y como cualquier otro adolescente, ella insistía que no tenía nada de malo convivir con ‘niños’ mayores de edad y acusaba a sus padres de estrictos e inflexibles. Demandaba e intentaba imponer su punto de vista al prometer que no tomaría ninguna bebida alcohólica y que no se separaría de sus amigas mientras estuviera dentro. Posible soluciónSus padres propusieron llevarla y sentarse en la barra a esperarle mientras se divertía con sus amiguitas, lo cual, lógicamente, provocó que la hija se saliera de sus casillas… cerrándose aún más a cualquier propuesta por parte de sus padres. Consecuencias de un caprichoPor supuesto que no hubo poder sobre esta Tierra para que la menor de edad se tranquilizara y viera el asunto desde el punto de vista de sus padres. Si hay algo que se aprende con el tiempo es el tomar en cuenta las consecuencias de comportamientos negativos y lo que éstos provocan a futuro. Ahora, cada vez que la hija pide permiso para pasar la noche en casa de alguna de sus amiguitas su madre investiga lo que implica el plan. No es una práctica que agrade a la adolescente, pero esa es la consecuencia de su obstinación y su férrea resistencia a escuchar razonamientos válidos de parte de sus padres. La percepción ante la presión de grupoTodos sabemos que para un adolescente la percepción ante un grupo es lo más importante, salvo que para un padre la percepción que el mundo tiene de sus hijos queda en último plano cuando se trata de la seguridad de su hijo. ¡Cualquier padre, en su sano juicio, le niega ese tipo de permisos a su hija de 14 años por más que esta prometa comportarse cual monja! El adulto es quien sabe lo que le conviene a un menor de edad. Son los padres quienes deben tomar responsabilidad y tomar decisiones en bienestar de sus hijos, sobre todo cuando se trata de posibles peligros en su andar por la vida. EducarE de aplaudir el comportamiento de estos padres que niegan un permiso a pesar de la pataleta de su hija, porque lo único que se traduce de aquellos padres que prefieren hacerse de la vista gorda y voltear para el otro lado con el único objetivo de evitarse una confrontación con sus hijos es la falta de amor. Creen que el ser ‘amigos’ es mejor opción que la de comportarse como padres y guías. Ya tendrá un adolescente edad para ir de antro después de las 8 de la noche y esa será otra historia en la psique de aquellos padres que se preocupan y velan por el bienestar de sus hijos; mientras tanto, un adolescente deberá reconciliarse con la idea de socializar con niños de su edad y en ambientes acordes a su edad. Consecuencias de la negligenciaMientras algunos se repitan que sus hijos son sus cuates y grandes amigos, continuará a la alza el índice de adolescentes que se meten en problemas graves. Todos conocen algún padre que encuentra pesado el dialogar con su hijo adolescente. Argumentar un punto es, para algunos, demasiado trabajo y deciden dejar que sus hijos tomen todo tipo de decisiones erróneas o sin sopesar las consecuencias. Educando con amorEl amor y la comunicación es lo que educa y guía a los hijos, no la evasión o el abandono. Un debate bien argumentado enriquece. Se debe debatir con los hijos los pros y los contras y decidir por ellos cuando así sea necesario. Copyright del artículo: Lillyana Pettersen. Contacta con el autor de este artículo para obtener su permiso y autorización expresa para poder usar o publicar su contenido de forma total o parcial.
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